L’Obrera es queda al barri

Per Juanma Martínez

 

Un ejemplo de personas anónimas invirtiendo su tiempo libre en crear comunidad

“En la valla del referido solar se fijaron dos pancartas con los textos: Queremos este solar para hospital, dispensarios y escuelas, y No permitamos el robo del solar por las empresas privadas”[1]

Al potente grito de “L’Obrera es queda al barri”, el pasado 25 de septiembre se celebró el juicio por el cual el banco Cajamar pretendía acabar con la ocupación de uno de sus inmuebles en Sabadell Sud. Durante el juicio, Cajamar tuvo que aceptar que la actividad del centro social es pacífica y se realiza una labor sociocultural positiva. Los abogados defensores de L’Obrera plantearon al juez la contradicción que supone el derecho de propiedad frente el derecho al acceso a la cultura, porque el fruto de años de trabajo social y autogestionado se empieza a recoger ahora con cientos de personas participando como mínimo en alguna actividad del centro social. Desalojarlo significaría que esta zona de Sabadell se volvería a quedar sin casi una docena de actividades deportivas y lúdicas accesibles para todos, independientemente de su renta.

El edificio fue ocupado el Primero de Mayo de 2015 por una de las muchas manifestaciones que se hacen el Día de las y los Trabajadores. Tres años y medio después el proyecto de L’Obrera ha crecido, mutado, madurado y, gracias a un potentísimo trabajo colectivo, se ha convertido en una referencia para todos los vecinos y vecinas de una parte de la ciudad. Vecinos y vecinas que nunca han militado y que, a pesar de ello, representan el verdadero motor de cambio de la sociedad; sin que esa gente participe de proyectos como L’Obrera y se conciencie jamás cambiará la sociedad, y ni tan siquiera habrá la fuerza necesaria para obligar a esos cambios o para mantenerlos. Por eso el mantenimiento de este proyecto social no es la victoria de tal o cual organización política: es la victoria de todas y todos.

L’Obrera, al igual que el movimiento vecinal de hace varias décadas, tiene vocación de representar a todos los vecinos y vecinas defendiendo sus intereses frente a los bancos. La sola lucha por mantener el edificio bajo un proyecto social lleva implícitamente la defensa de los intereses de la mayoría de los habitantes de una gran ciudad como Sabadell, porque representa que los bancos también pierden y que los ayuntamientos se deben a los intereses de sus ciudadanos. Pero, sobre todo, porque la creación de una comunidad cohesionada, libre de racismo y de machismo, y concienciada en el poder transformador de la acción colectiva es apuñalar de muerte al propio sistema capitalista y su obsesión por el individualismo y el desarraigo de la comunidad.

L’Obrera no ha inventado nada, no ha teorizado nada y no ha escrito libros aburridos de miles de páginas explicando sobre el papel qué se tiene que hacer. La gente que participa en el centro social ha hecho lo que el activismo de barrio lleva haciendo desde que existen las grandes ciudades en este país: trabajo voluntario, haciendo actividades gratuitas o a bajo coste para que la clase trabajadora pueda disfrutar de su tiempo libre fuera del trabajo; y, a su vez, un trabajo reivindicativo que nace de las cuestiones concretas y las enlaza con el propio sistema capitalista, unas reivindicaciones que al principio son políticamente implícitas pero que con el paso de los años se convierten en explícitamente anticapitalistas. Es prácticamente la misma receta que las Asociaciones de Vecinos de Sabadell y de otras ciudades hacían en los años 70.

El proyecto de L’Obrera no se acaba aquí. También existe la voluntad de ser un espacio de encuentro entre diferentes organizaciones políticas, y las personas que militamos podemos llegar a entender lo difícil que supone conseguir eso. Sin embargo, en este caso se ha conseguido. Diferentes juventudes políticas revolucionarias compartiendo un espacio común sanamente, sin competir, sin malos rollos y sin boicotear el proyecto porque hemos entendido que lo verdaderamente revolucionario es el proyecto en sí.

 

 

[1] Fragmento de Manifestacion en el barrio de la Trinidad Vieja, informe policial, 10 de mayo de 1973, Gobernadores Civiles, Caja 173, Ayuntamiento de Barcelona, 1973-1974, citado en MOLINERO, Carme i YSÀS, Pere (coords.), Construint la ciutat democràtica. El moviment veïnal durant el tardofranquisme i la transició. Barcelona, Icària, 2010, pp 273.

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