El antifascismo como cultura política

Per Juanma Martínez

Con la revolucion todo, fuera de la revolución nada”. Así definía Fidel parte de su táctica política, referida sobre todo a alianzas ideológicas e internacionales en un mundo dividido por la Guerra Fría. Pero en el actual momento político, la mejor receta para el antifascismo no es gritar mil veces lo fascistas, machistas, homófobos y racistas que son algunos partidos de derecha ni sus votantes, ni tampoco hacer manifestaciones violentas con la cara tapada y uniformados de negro. La mejor receta es “Con la izquierda todo, fuera de la izquierda nada”, porque la solución se encuentra en la cultura política de la izquierda y todos sus valores cívicos.

El antifascismo es por definición una ideología de reacción a otra ideología, en este caso el fascismo, pero a su vez es tambien una ideología de proposición, porque no se queda en el “anti” y propone un modelo de sociedad antagónico a la “seguridad”, el “orden” y la “esperanza” que propone el discurso fascista. Una sociedad basada justamente en los valores de la izquierda: solidaridad entre la clase trabajadora, igualdad de derechos civiles, democracia de base como motor de cualquier transformación social y, por encima de todo, la distribución social de la riqueza en forma de servicios o bienes públicos para acabar con cualquier tipo de injusticia.

Las personas que nos consideramos antifascistas debemos aspirar a convencer a amplias capas de la sociedad de lo perjudicial que son para la vida cotidiana las propuestas económicas y civiles de todo el espectro político de la derecha. Pero convencer es hacer una pedagogía frente a la desinformación, las fake news y los medios de comunicación que hablan las veinticuatro horas del fenómeno de la extrema derecha en España. Convencer pasa en primer lugar por decir alto y claro que tenemos ideología, tenemos etiqueta porque tenemos propuestas, y a raiz de ahí hemos de construir la unidad antifascista, de las propuestas concretas materiales relacionadas explícitamente con una cultura política, que no un partido político.

No tenemos que aspirar a frenar a la extrema derecha: tenemos que aspirar a transformar la sociedad. Las tareas más urgentes son desmentir el argumentario cívico de la derecha, de donde emanan sus propuestas racistas y machistas; la resistencia no violenta, pero sí incómoda cada vez que ocupen el espacio público; y la construcción de una organización unitaria alejada de las batallas electorales, pero teniendo en mente la importancia de hacer pedagogía para evitar la representación política de la extrema derecha en los ayuntamientos.

En definitiva, fortalecer a UCFR allá donde tiene actividad, porque es uno de los pocos movimientos sociales donde tener un amplio grupo de “compañeros de trinchera” procedentes de diferentes partidos y organizaciones políticas, pero de la misma cultura política: el antifascismo. Porque da igual de dónde vengas; si eres pobre, la extrema derecha te va a joder igual. 

Una Respuesta a “El antifascismo como cultura política”

  1. «Con la izquierda todo, fuera de la izquierda nada”. Sinceramente, y aunque le tomemos prestado al Camarada Fidel el eslogan, me gusta la propuesta y me gusta el argumentario.
    Salud y República.

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