Reacciones desde Europa ante Trump. Contextualizando al monstruo.

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  Escrit per: Marta Castillo Ramos, comunista i sociòloga catalana emigrada a Boston

Tras hacerse notorios los movimientos de protesta contra Trump, especialmente después de la investidura, se han escuchado diversas voces de desconfianza provenientes de la izquierda. Hay quienes aseveran con convicción que los movimientos están todos comprados por el gran capital, otros apuntan suspicaces a la contribución de algunos grandes medios de comunicación para desacreditar a Trump como la prueba definitiva de que nada bueno puede esconderse tras las protestas, otros señalan a las grandes corporaciones que se han sumado a dichos movimientos y otros, prejuiciosos, simplemente dudan de cualquier movimiento crítico que pueda proceder de los Estados Unidos de América (EUA). Pero mucho más dañinos que todos ellos son quienes afirman que la victoria de Trump es positiva primero como escarmiento al inepto pueblo estadounidense y segundo para evitar males mayores a nivel internacional, como supuestamente hubiera implicado la victoria de Clinton.

Foto: Marta Castillo

Para poder comprender completamente lo que está ocurriendo tras la victoria de Trump hay que considerar el contexto socio-político en su totalidad. No se puede analizar la dinámica de la izquierda en EUA con los parámetros con que se analiza la izquierda europea. En primer lugar, las clases sociales están notablemente más difusas que en Europa, no tanto a nivel material como a nivel subjetivo, en cuanto a conciencia de clase se refiere. Pese a que se pueda pensar que ya en Europa también se ha suprimido la conciencia de clase de la mayoría, la historia es la que marca la diferencia en este sentido. En Europa hay referentes más claros e innumerables luchas estrictamente de clase a las que referirse cuando se construye identidad colectiva. En EUA la historia y las luchas de la clase trabajadora han estado en todo momento vinculadas a la lucha contra la supremacía blanca. De este modo, la identidad colectiva toma un cariz étnico que estará presente desde la fundación de los EUA hasta el día de hoy. En segundo lugar, y como consecuencia de todo ello, en EUA es muy importante el sentido de pertenencia a la comunidad. La comunidad se entiende en este contexto como aquel grupo de personas que comparte espacios en la esfera pública: el barrio, los comercios locales, las iglesias, etc. Las creencias religiosas juegan un papel fundamental en la construcción de las comunidades y es que, en parte, las iglesias –de muy variadas tendencias– cubren frecuentemente el papel que debiera cumplir el estado allá donde hay falta de recursos. Además, las grandes ciudades estadounidenses están enormemente segregadas, en parte debido a la reubicación de la población negra en barrios específicos de las ciudades cuando se abolió la esclavitud y a los constantes grupos de inmigrantes que han ido llegando a las grandes urbes, asentándose allí donde la renta era más barata. El alto grado de segregación social es clave para comprender por qué toma tanta relevancia la organización comunitaria. Los blancos viven con los blancos, los negros con los negros y los latinoamericanos con los latinoamericanos. Los dos últimos han tendido a aliarse culturalmente contra los primeros, pero incluso entre ellos hay rencillas identitarias. En contraposición, el puesto de trabajo es poco relevante en la construcción de la identidad colectiva, en tanto que el sistema está diseñado de forma en que el trabajo es algo completamente disociado de la vida privada de las personas. Los puestos de trabajo, los colegios y universidades, son lugares homogeneizadores. Puntos de encuentro donde se deja de ser dominicano, mexicano o chino para integrarse en el común denominador de ser americano. La seguridad de uno mismo es lo primero, y ésta es la razón principal por la cual se renuncia a la propia identidad. Al fin y al cabo, los blancos tienen el poder sobre el espacio público y han ejercido históricamente violencia contra todo el que no se subyugara a sus normas. De este modo, una persona de clase trabajadora en este país encuentra cobijo y seguridad en su comunidad, donde puede ser quien es y nadie le juzga por ello.

Foto: Marta Castillo

Considerando la importancia de la identidad étnica en EUA, retornemos al tema central ¿por qué Trump es más peligroso que Clinton si ambos son capitalistas con ansias de afianzar el poder el imperio? Porque por primera vez en la historia de EUA se ha elegido a un presidente explícitamente en base a políticas de identidad. Considerando lo antes expuesto, Trump supone una amenaza a las comunidades y por lo tanto, a la estabilidad diaria de las ciudades, del espacio público. Estados Unidos es un país tristemente dividido por el color de la piel. Si un ciudadano se encuentra conduciendo o deambulando por la calle y es parado por la policía, tiene muchas más posibilidades de seguir íntegramente a salvo si es blanco. Mejor todavía si habla un perfecto inglés y pasa por gringo. Para todo el que no cumple con tales características, que la policía se le acerque implica algo así como sudoración, aceleración de las pulsaciones y desencadenar mentalmente el procedimiento adecuado exigido al no-gringo: manos a la vista, quieto, no hable y no haga nada que no se le pida que haga. El riesgo de quedar frito a tiros no es una exageración, es una terrible realidad. Trump es la legitimación pública y abierta de todo esto. Esto no quiere decir que la discriminación sea nueva y el único culpable Trump, sin embargo, si la izquierda quiere ser realista en sus análisis, no puede caer en la simplicidad de argumentar que los intereses finales de Trump y Clinton u Obama son los mismos y por lo tanto es indiferente la victoria de uno u otro. Caer en ello es hacerle un hueco a la aceptación de ideas de corte fascista, es asumir que no importa que Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional en Francia ganen posiciones. Es sabido que el fascismo responde a los intereses del capital, sin embargo, ello no nos lleva a aceptarlo con resignación. En Estados Unidos Trump no equivale al fascismo europeo, pero es la forma más cercana a éste que puede llegar a manifestarse dentro de la lógica de su sistema político actual.

Foto: Marta Castillo
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Trump es extremadamente peligroso también a nivel internacional. Mucho se ha escuchado sobre la conveniencia de que sea éste y no Clinton quien lidere los EUA, pues es bien sabido que Clinton es una acérrima de los conflictos bélicos con fines lucrativos diversos y Trump ha asegurado en su campaña centrarse en la recuperación económica de los EUA y reducir las intervenciones bélicas internacionales. Bien, considerando que esto fuese cierto, Trump continua siendo un mayor peligro a nivel internacional, pues supone caminar hacia un proceso de aceptación de valores que estaban, por lo general, públicamente vetados. Supone dar rienda suelta a los conservadores de otros países que habían aceptado el consenso general de no violar ciertas normas no escritas. Pero además ¿se le está dando credibilidad a las palabras del mismo tipo que aseguró que México pagaría por su muro? Permítaseme dudar de semejante individuo y de sus intenciones de reducir las intervenciones bélicas internacionales. Permítaseme temer que semejante individuo tenga poder decisivo sobre armas nucleares.

En lo que refiere a las diferentes teorías de la conspiración que vienen escuchándose desde que vienen sucediéndose las protestas contra Trump, es cierto que algunos grandes medios de comunicación se han alineado en el sector anti Trump y ello ha levantado suspicacia entre los analistas de la izquierda. Tiene lógica y con ello probablemente los medios estén tratando de responder a sus propios intereses, pero ello no es evidencia suficiente para pensar que los movimientos de protesta existen porque le conviene al gran capital. Por un lado, cabe recordar que Trump ha tenido fuertes encontronazos con la prensa durante su campaña, por otro lado, Trump y sus detractores venden y ello es motivo suficiente como para darle un espacio en los grandes medios. Más peliagudo es el segundo gran argumento esgrimido contra los movimientos anti Trump: la financiación recibida de algunos organismos y empresas de dudoso sentido de la justicia. Especialmente criticada en este sentido fue la exitosa marcha de las mujeres. Bien es cierto que esto debe hacer sonar las alarmas, sin embargo, reducir todo lo que está ocurriendo en EUA a esto es quedarse con el envoltorio de algo mucho más complejo. Lo primero a considerar es que históricamente los poderosos se han aliado con sectores revolucionarios cuando les ha convenido. Esto no lo convierte en un elemento positivo, sin embargo, da un poco de perspectiva. Del apoyo público a la apropiación de los movimientos sociales hay una larga escala de grises, así que es necesario considerar en qué punto de esta escala se encuentra la intromisión de los intereses privados en los movimientos sociales anti Trump. Lo segundo a considerar es, nuevamente, la particularidad del funcionamiento de la sociedad estadounidense. El eje izquierda-derecha no funciona aquí de la misma forma que en Europa, aquí todo gira en torno al eje formalmente bipartidista liberal-conservador –que dentro del común del sistema de opresión capitalista tiene sus particularidades– y éste está vinculado a la ya mencionada opresión de los blancos contra el resto. Este panorama deja un espacio muy pequeño a nuestros camaradas comunistas y a otros grupos anticapitalistas. Es común que éstos se posicionen en numerosas ocasiones con el Partido Demócrata y es común que las empresas alineadas con los demócratas ofrezcan apoyo financiero a ciertas causas. No voy a entrar a debatir sobre las inconveniencias de este sistema o las incongruencias de la izquierda debido a ello, pero es importante entender que estas dinámicas tienen un origen, unas causas históricas y un por qué, no surgen de la nada justo ahora para, secretamente y cual conspiración, apropiarse de los movimientos anti Trump.

Desde Europa se tiende a ver al pueblo estadounidense como un colectivo de gente ignorante y atrasada y así, se habla con paternalismo hacia cualquier iniciativa anticapitalista que despunte en EUA. Se venera a los Panteras Negras y a los encarcelados camaradas del Partido Comunista de los Estados Unidos durante el macarthismo, pero se olvida que la lucha continuó. Los referentes, las consignas y las organizaciones ya no son los mismos, pero los negros siguen viviendo en guetos, los latinoamericanos siguen siendo motivo de desprecio y las mujeres siguen sin ser escuchadas ni consideradas. Todos ellos han salido a las calles para gritar “Trump no es mi presidente” y con mayor o menor conciencia, continúan protegiéndose los unos a los otros, cuidando sus comunidades y organizándose. Utilizo este espacio para agradecer a todos ellos su lucha diaria. Gracias particularmente a Edward Carson, profesor en Brooks School (Massachusetts), marxista y activista afroamericano implicado. Sus reflexiones me han ayudado a configurar un mapa más claro de lo que ahora acontece en EUA.

1 Comment

  1. Me ha gustado poder comprobar, que el concepto que tengo del pueblo norteamericano, después de llevar años, dándole vueltas e indagando el motivo por el que se comportan de determinada forma, se corresponde bastante con los criterios expresados, por Marta Castillo Ramos. Muchas gracias, camarada.
    Salud y República.

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