Oda a Barcelona

Por A. N.

Cemento y carne:
esa es la materia de la ciudad.
Una maraña de cables y tendones,
de arterias de plomo y tuberías de cobre.
Vino tinto en vena,
el cóctel de la hora infeliz.
Sudor frío cuando se va tu tren
sin ti,
axilas que huelen a caldo navideño
en plena hora punta,
orina de perros y turistas
regando las esquinas.
La ciudad, la ciudad.
Ese fluir de piernas adormecidas y ojos saturados.
Ese cielo azul que nunca es del todo azul,
el mar crucificado por los cruceros.
Ese aliento azufrado,
la tranquila desesperación que exhala cada ventana.
El morboso placer de suicidarse lentamente
entre tubos de escape y sueldos mínimos.
Cemento pútrido, carne gris.
Esa es la auténtica materia de la ciudad:
carne hecha cemento. 

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