Desde mi acera

Por Joaquín Soler

  “A veces uno elige de qué lado estar,
  simplemente viendo quienes están del otro lado.”
 
  Leonard Cohen
 

Para empezar la siguiente afirmación: el gobierno que tenemos en España es legítimo. El cambio de rumbo político fue el espíritu que fraguó y materializó la moción de censura el pasado 1 de junio de 2018. Posteriormente se realizaron dos elecciones, en abril y noviembre de 2019, y de ellas surgió un nuevo gobierno de coalición.

El Estado de alarma no es una invención del ejecutivo para limitar los derechos y las libertades. Es una opción que está recogido en la Constitución de 1978, en el artículo 116.2. Una medida decidida para proteger la salud pública de todos los ciudadanos. La propagación de la enfermedad solo se produce por el contagio del virus entre la población. La enfermedad no se extiende por otros medios, no se propaga por haber ordenado limitar la movilidad, los desplazamientos y el contacto entre los ciudadanos.

  “Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo,
  pestes y guerras sorprenden a la gente siempre desprevenidas.”
 
  Albert Camus, del libro La peste (1947)

En el barrio de Salamanca han cambiado los chalecos amarillos reivindicativos por las armillas de caza del cigarral toledano. No aplauden a las ocho a los trabajadores de la sanidad pública, no es su prioridad. Han modificado la hora como lo hizo Franco, para alinearla con el eje, los nazis y los fascistas. Saltan a la calle a pedir “libertad”, pero lo que desean y reclaman es “el poder”. Protestan contra el gobierno ilegitimo formado por los bolivarianos y los comunistas. La rentista sale acompañada de su asistenta y la cacerola, el ejecutivo lleva los palos de golf transportados por su cadi, y el marques se pasea en un descapotable conducido por su chofer protestando con un megáfono.

Me preocupa menos los gritos y las banderas en la calle Núñez de Balboa, con las alacenas de las despensas llenas, que las colas en silencio frente al banco de alimentos en el Raval y en Carabanchel. No creo en el buenísimo de algunas ideas, tampoco que esta crisis sanitaria, social y laboral que vivimos sea una nueva oportunidad. Ni que los cambios que vendrán serán mejores o peores. En estos momentos está aflorando lo mejor y lo peor de nuestra sociedad, lo peor con un rostro muy amargo.

    “Hay miedo a pensar.
  España es un país que se pone delante de un toro, pero ve un libro y sale corriendo.”
 
  Julio Anguita

Isaac Newton, tenía 23 cuando entre los años 1665/66, debido a la peste bubónica declarada en la cuidad de Londres y por todo el país, dejó la universidad y se confinó en la casa de su familia en la localidad de Woohsthorpe. Estudio y desarrollo la teoría de la gravedad, también realizó diferentes avances con la óptica de las lentes.

Johan Sebastián Bach, tenía 32 años en el año 1717, cuando fue encerrado en la prisión del palacio por el duque de Weimer. Quería evita que aceptara el nuevo trabajo de kapel maister y se trasladara a la ciudad de Köthen. Durante su confinamiento, en la solitaria celda, pidió: papel, pluma y tinta, en absoluto silencio escribió la gran obra “El clave bien temperado”.

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas,
  de pronto cambiaron todas las preguntas.”
 
  Mario Benedetti

Tengo muchas dudas, preguntas al mañana que vendrá y no sé si todas o alguna tienen respuesta. Hemos comprobado que el trabajo se puede realizar no presencialmente. ¿Pero nos servirá para organizarnos y conciliarlo con la vida familiar? No necesitamos consumir constantemente. ¿Podremos tener una actitud responsable, recuperando ecosistemas de la tierra que son el filtro de muchas enfermedades? Hemos vivido en ciudades en silencio, sin tráfico y sin contaminación. ¿Podremos optar por una movilidad respetuosa?

Hemos estado confinados en una vivienda que no estaba preparada. ¿Cambiará el paradigma hacia un diseño óptimo y energéticamente eficiente? Hemos conocido el sufrimiento del sistema sanitario. ¿Consideraremos que el presupuesto de salud no es un gasto, sino una inversión?  Hemos tenido olvidadas las residencias de nuestros mayores. ¿Permitiremos que la gestión este en el sistema sanitario y que salgan de ellas los fondos buitres?

Para acabar, el recuerdo a una canción que fue un himno mítico al final de la dictadura y es un canto a la esperanza:

“Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes
pero ¿quién nos ata? pero ¿quién nos ata?
Dame la mano y vamos a sentarnos
bajo cualquier estatua, bajo cualquier estatua,
que es tiempo de vivir y de soñar y de creer
que tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover
que tiene que llover, a cántaros.
Que tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover
que tiene que llover, a cántaros.

   Estamos amasados por libertad, muchacha,
  pero ¿quién nos ata?, pero ¿quién nos ata?
  En tu barro dispuesto, elegido tu sitio,
  preparada tu marcha.

  Ay qué dolor de la vida hasta creer,
  que tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover,
  que tiene que llover, a cántaros.
  Que tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover,
  que tiene que llover, a cántaros.

  Ellos seguirán dormidos
  en sus cuentas corrientes de seguridad.
  Planearan vender la vida y a la muerte y la paz.
  ¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad?
  Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian
  que la siesta se acaba, que la siesta se acaba
  y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro,
  limpiará nuestra casa.
 
  Ay qué dolor de la vida hasta creer,
  que tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover,
  que tiene que llover, a cántaros.
  Que tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover,
  que tiene que llover, a cántaros”.
  cántaros”.

          Pablo Guerrero, del disco “A cántaros” (1972).

Salud y República a todos.  

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